CODOPA y la Asociación de vecinos y vecinas de Cimavilla arrancan esta actividad, que no rería posible sin la generosidad de todas las personas que han puesto imagen y palabras a un sentimiento de profundo respeto, reconocimiento de dignidad y solidaridad. Así nace "De tu ventana a ala mía. Escenas palestinas".
Asomarse a una ventana es un acto de curiosidad, pero también es mirarnos en la vida ajena para encontrarnos en ella. Es una búsqueda de luz cuando el mundo parece apagarse. Mirarnos "de tu ventana a la mía" es la complicidad y la empatía que una tierra en lucha por su subsistencia y dignidad merece.
Hoy, las fachadas de Cimavilla dejan de ser muros para convertirse en espejos. No solo miran al Cantábrico; al colgar estas imágenes, este barrio —forjado por pescadores, cigarreras y gente que sabe lo que significa resistir— se convierte en un altavoz de dignidad frente al silencio.
Desde el Cerro de Santa Catalina hasta la Plaza del Llavaderu, estas calles han sido siempre testimonio de vida compartida y lucha. Por eso, el barrio ni puede ni quiere dar la espalda cuando, al otro lado del Mediterráneo, se intenta borrar la cotidianidad de todo un pueblo. Estas lonas muestran lo que no quieren que veamos: la fuerza de las vecinas palestinas que, como las nuestras hace generaciones, defienden su derecho a existir en su propia tierra.
Al colgar estas fotografías en el corazón de Cimavilla, no solo decoramos nuestras calles; estamos rompiendo el cerco del olvido. Las imágenes nos muestran las dos caras de una misma resistencia: la belleza de la vida que se empeña en brotar entre los olivos y la crudeza de una guerra que intenta borrar un pueblo de la historia. Son rostros que ríen, manos que sostienen la memoria y ojos que han visto lo que nadie debería ver.
No podemos normalizar el horror mientras seguimos con nuestra rutina. Al asomarnos hoy a la ventana, no vemos solo nuestra calle; vemos la mirada de una madre resistente, el juego interrumpido de un niño en Cisjordania y la fuerza inquebrantable de quienes defienden su hogar.
Colgar estas lonas es un acto de justicia porque:
Que cada persona que pase bajo estas ventanas se detenga un segundo. Que estas imágenes nos incomoden, nos conmuevan y, sobre todo, nos unan. Porque mientras allá resisten, nosotros persistiremos aquí hasta que la paz sea, por fin, una realidad.
Hoy Cimavilla lleva a Palestina en el corazón.
Ana Suárez González
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