Detrás de un «no tengo nada que contar» no hay una, sino muchas historias que la mayoría de las veces elegimos no compartir por considerar que no son lo suficientemente importantes o por no encontrar a alguien dispuesto a escucharlas. La acción ‘Yes de Mieres, y se nota’, que desembarcó en el concejo el sábado 12, domingo 13 y martes 15 de septiembre, demostró que solo hace falta mostrar interés y ofrecer un espacio seguro para que esos pequeños relatos, los que verdaderamente construyen la memoria de un territorio, no se pierdan.
Ese espacio seguro para compartir testimonios de vida fue la Caravana de Kazabasuras. Engalanada para la ocasión con mensajes alusivos a la campaña, la casa sobre ruedas del colectivo mierense hizo dos paradas para recopilar la intrahistoria de la cuenca minera: en Turón, donde se instaló el sábado 12 de septiembre, y en el Parque Jovellanos de Mieres, donde recaló el domingo 13 de septiembre.
Ambas jornadas arrancaron a las 12:00 horas, con los primeros vecinos que se acercaron a ver en qué consistía la iniciativa. A su paso por la caravana, pese a empezar diciendo que poco tenían que aportar, surgieron impactantes testimonios de las pérdidas que a muchos les causó la Guerra Civil, del duro día a día en la mina y del desarrollo de emprendimientos ideados para poder quedarse a vivir en las cuencas mineras. También apareció una preocupación compartida por la pérdida de conciencia de clase entre las nuevas generaciones, vinculada al desconocimiento de las luchas que tuvieron que librar los mineros para conquistar derechos como el vale del carbón.
El trasiego de gente fue continuo, tanto el sábado como el domingo, hasta que la caravana cerró sus puertas a las 15:30 horas, con la triste certeza de que todavía quedaban muchas historias por ser escuchadas.
El broche final llegó el martes 15 de septiembre con la recuperación, por un día, de la actividad del kiosco situado frente al Colegio Público Liceo Mierense. Como parte de la acción ‘Yes de Mieres, y se nota’, el pequeño establecimiento repartió una edición especial del antiguo periódico El Carboneru, además de chapas, postales y pequeños sacos de hulla que sirvieron de obsequio a los escolares de Primaria que acudieron a canjear los vales del carbón que habían recibido en su vuelta al cole.
En lugar de por trabajo, estos vales confeccionados para la ocasión —el fin era explicar de una forma práctica a las nuevas generaciones en qué consistía ese derecho— se canjearon por historias con sabor local, ligadas al territorio y a los personajes de Mieres, donde los grandes protagonistas fueron sus héroes y heroínas particulares: los abuelos y las abuelas.
Y, aunque muchos no terminaron de comprender la importancia que esos saquitos habían tenido para sus mayores, se fueron muy contentos a casa con su obsequio y, a petición propia, con la cara pintada de negro carbón.
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