Desde CODOPA nos sumamos al comunicado de la Coordinadora estatal de ONGD y mostramos nuestra profunda preocupación por la deriva violenta que se está produciendo en torno a la crisis humanitaria en Ceuta. Hacemos un llamamiento a la calma y demandamos poner freno a la instrumentalización política que se está produciendo y que tiene graves consecuencias sobre las personas migrantes y la población ceutí.
Demandamos una respuesta coordinada de las administraciones públicas que den solución rápida a una crisis humanitaria que se está alargando demasiado. Los mecanismos y recursos para responder a esta situación existen y deben ponerse en marcha a la mayor brevedad posible, garantizando en todo momento los derechos y la protección de las personas.
Recordamos que se trata de una crisis humanitaria que debe ser tratada como tal. Esto exige que la respuesta cumpla de manera escrupulosa los principios humanitarios y las leyes internacionales que rigen este tipo de situaciones. En este sentido, las ONG están cumpliendo su deber que no es otro que garantizar asistencia y apoyo humanitario a cientos de personas -muchas de ellas posibles refugiadas y otras muchas niños y niñas- atrapadas en una situación de extrema vulnerabilidad.
Las niñas se encuentran, además, en una situación de especial vulnerabilidad y afrontan riesgos específicos de violencia, explotación y trata. También las mujeres adolescentes y embarazadas y la población LGTBIQ+ que permanecen ocultas por miedo a represalias, agresiones o devoluciones. Su protección y atención específica deben ser una prioridad en cualquier respuesta humanitaria.
Alertamos también sobre la espectacularización y deshumanización con las que algunos medios de comunicación están abordando esta situación. Los discursos que alimentan el enfrentamiento social son éticamente reprobables, profesionalmente irresponsables y socialmente peligrosos.
Necesidades y solidaridad ceutíes
Comprendemos las necesidades y miedos de la población ceutí que ha visto cómo su ciudad se ve afectada por una situación excepcional que afecta a la convivencia. La población de Ceuta convive históricamente en su diversidad; prueba de ello es que, en estas semanas, muchas personas de la ciudad han ofrecido redes de apoyo y solidaridad a cientos de personas, muchas de ellas niños y niñas.
La crisis responde a lógicas y razones geopolíticas que eluden las necesidades de la población ceutí, de la población marroquí más pobre o de quienes huyen de conflictos y situaciones extremas. Las personas no pueden ser utilizadas como instrumento de presión política o geopolítica. Esta instrumentalización constituye una vulneración del derecho internacional, de los principios y valores democráticos que deben regir nuestras sociedades y del deber de proteger la vida humana.
Recordamos, además, que es fundamental garantizar una cooperación con los países de origen y tránsito basada en los derechos humanos y no exclusivamente en la contención y externalización de fronteras. Es esencial que se promuevan políticas internacionales que fomenten la paz, el desarrollo y el bienestar de las poblaciones y sus entornos.
Responsabilidad múltiple
La situación está tomando una deriva muy preocupante ante la cual queremos hacer un llamamiento llamamiento a:
La responsabilidad múltiple -política, de la sociedad civil, de los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto- debe ser asumida de forma que se garanticen plenamente los derechos humanos, la asistencia humanitaria, la convivencia y la construcción de propuestas a largo plazo que eviten situaciones futuras similares.
Ana Suárez González
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Lucía García Casas
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